Hay una frase que sostengo desde hace tiempo, y que se volvió más urgente todavía con la inteligencia artificial dando vueltas en cada rincón de nuestro trabajo: la vida es algo más que hacer cosas.

Y sin embargo, todo —las redes, las páginas, hasta las invitaciones a eventos— parece estar diciéndonos lo contrario. Que hay que producir más, más rápido, más parecido a lo que ya funciona en otro lado. Esa estandarización tiene un nombre que no siempre nos animamos a decir: falta de voz.



Una confesión antes de seguir

Voy a ser honesta. Pensé muchas veces antes de armar el ebook de prompts que te va a llevar este artículo. Sentía que ofrecer algo vinculado a la inteligencia artificial era, de alguna forma, traicionarme.

Crecí en el medio de dos épocas. Aprendí a pensar escribiendo a mano, durante seis años de facultad, antes de que existiera un atajo para eso. Y hoy convivo con una herramienta que promete resolver en segundos lo que antes nos llevaba horas de cabeza, borrador y vuelta a empezar.

Esa es la dicotomía: lo que quiero hacer, lo que «debería» hacer, y hacia dónde «debería ir» para no quedar obsoleta, como una computadora vieja.

No te voy a mentir: todavía estoy en proceso de amigarme con esta nueva forma de trabajar. Pero mientras tanto, decidí algo. Voy a seguir humanizando mi trabajo. Voy a aportar lo que pueda para que, antes de entregarle todo nuestro tiempo y nuestro criterio a un programa, sigamos pensando.



 

Lo que sí puedo aportar

Mi experiencia. Mi forma de mirar las cosas. La presencia que se construye pensando, meditando sobre lo que de verdad querés transmitir. No busco el automatismo. Pero tampoco niego lo evidente: este avance es necesario, sobre todo en un mundo que va tan rápido que las horas de un día empiezan a quedarse cortas. A veces siento que necesitaría dos días en uno solo para cumplir con los desafíos que yo misma me impongo.

La rueda gira cada vez más rápido. Por eso, ante el uso inevitable de la tecnología, decidí escribir un manual: para que la incorpores a consciencia, como una herramienta y no como un fin en sí mismo. Sin límites, no. Con un objetivo, sí.



 

 

Antes de sentarte a pedirle algo a la IA

Pensá primero qué es lo que realmente necesitás.

Usala con un tiempo definido, para cumplir objetivos cortos y concretos. No es un buscador, es una herramienta que, bien utilizada, nos puede devolver algo que perdimos hace rato: tiempo. Ese tiempo que se nos escapa por querer alcanzar metas altísimas que nosotros mismos nos ponemos.

Aprovechemos la tecnología para pausar. No al revés.

«La pausa deshace el aplanamiento del tiempo impulsado por la tecnología y le devuelve algo de profundidad.»



Sobre el workbook

Armé un workbook de prompts pensado exactamente para esto: que la inteligencia artificial sea una pausa y no una fuga. Una forma de ordenar lo que querés decir antes de pedirle a una máquina que lo diga por vos.

Porque la comunicación —como la vida— consiste en algo más que en hacer cosas.